Dicen que los recuerdos de la niñez perduran para toda la vida.
En aquellos veranos largos uno de los recuerdos más importantes de mi infancia son los juegos olímpicos.
En ese entonces no había muchas pantallas y plataformas para distraerse, por lo tanto veíamos todo lo posible las olimpiadas. Mis recuerdos más lejanos son la justa olímpica de los Ángeles ‘84 y Seúl ‘88.
No sólo veíamos a los nadadores, los velocistas, los lanzadores de jabalina y disco, o por supuesto la gloriosa gimnasia en vivo.
Mi padre aprovechaba para grabar en video casete los deportes que más le gustaban. Entonces, durante el año, en varias ocasiones veíamos de nueva cuenta las historias de grandes deportistas.
Algunas de esas historias se han quedado grabadas en mi memoria hasta la edad adulta. Una es la de un gimnasta japonés que compitió en Seúl ‘88, poniendo en alto a su país, no sólo por los logros obtenidos sino por todas las motivaciones que lo acompa…
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