La familia de Laura López, junto con otras 39 familias del Ejido Colima en Cunduacán, se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a la amenaza del río Samaria, que ha causado la erosión de la tierra y ha devorado varias viviendas en la zona.
Los habitantes del lugar creen que la sobreexplotación de los bancos de arena y la manipulación del nivel del río por la presa Peñitas pueden ser la causa de la erosión que ha afectado a la comunidad. El río ha avanzado, destruyendo viviendas, campos de futbol, carreteras, postes de luz y plantaciones.
Los afectados han solicitado ayuda a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para construir obras de protección que detengan el avance del río, pero hasta el momento no han recibido respuestas concretas.
Las promesas de soluciones por parte de las autoridades no se han cumplido, generando temor y angustia en los habitantes de la zona. Juana Domínguez Hernández es testigo de cómo el río ha destruido las propiedades de su comunidad, llevándose incluso la casa de su hermano.
Doña Gloria, otra habitante del lugar, ruega por la ayuda de las autoridades y lamenta la inacción del gobierno ante la emergencia. La falta de respuesta y la falta de acciones para detener la erosión han generado malestar y preocupación en la comunidad.
El llamado es para las autoridades de los tres niveles de gobierno, que hasta el momento no han atendido la problemática de forma efectiva. La falta de acción de las autoridades locales y federales ha dejado a las familias en una situación de vulnerabilidad y desamparo.
La incertidumbre y el miedo a perderlo todo han llevado a varias familias a abandonar sus hogares en busca de seguridad. La falta de respuesta y la inacción de las autoridades ha generado descontento y desconfianza en la comunidad, que clama por soluciones urgentes.